Si sentimos un escalofrío cuando Elon Musk, ebrio de victoria, esgrime el saludo fascista ante millones de personas,
es porque de algún modo todos entendemos lo mismo: el orden del mundo está cambiando. Aquellos que hace una
década se reducían a pequeños grupos aislados hoy han alcanzado el poder. Figuras como Trump, Milei o los
tecnoligarcas son nuestro presente y probablemente sean nuestro futuro. Pero ¿cómo nos explicamos su ascenso
meteórico?