El desfile de escenarios y personajes fuera de serie es incesante: de las habilidades de
un personal trainer que enseña a soportar la felicidad de los demás a un parque de
diversiones de suspensión de conciencia y una brigada de aviones que fumigan con
culpa. El ritmo es veloz y encantador. Como siempre.
Hay un mundo donde una remera del Che y otra de Evita y otra de Ringo Starr debaten
sobre el deseo y el disfrute, y un oficial principal retirado reflexiona sobre Jorge Luis
Borges, y una politóloga ofrece una clase de relajación corporal con conciencia
histórica, y hay un cuarto rey mago reconocido por un club llamado ¡Biblia Perón!, y un
estudio revela cómo los cantos de la hinchada de El Porvenir, en el sur del conurbano,
diferencian conceptos con la precisión de un cirujano. Es un mundo probablemente
feliz. Y es el mundo de este texto. Una cajita feliz que habla, y no trae hamburguesa, y
tiene una capacidad de expresión aguda y elocuencia brillante es uno de los momentos
claves de esta veintena de cuentos con la potente marca registrada del autor: la risa y
las ideas, de la mano.